El orujo juega en casa y pierde frente a otros licores de importación

Una empresa de Becerreá ofrecerá un paquete degustación de seis variedades de aguardiente a los bares de Os Ancares

Los gallegos conocen más marcas de ron o ginebra que de aguardiente, muy sensible a la competencia del garrafón y los licores caseros. Será porque nadie es profeta en su tierra, que tampoco lo es el orujo. Será porque es Galicia el país por excelencia del aguardiente y exportadora del universal conxuro da queimada, que cualquier gallego lego en licores nombrará más marcas de ron o ginebra que de orujo.

Como consecuencia de esta falta de cultura del aguardiente, mientras en los bares gallegos se hace referencia a la marca cuando se pide un whisky o un vino tinto, los nombres genéricos de orujo, licor café o aguardiente de hierbas son los habituales en las comandas. Y ello a pesar de que solo bajo la denominación de origen Orujo de Galicia hay 85 marcas diferentes que destilan «orujos y lías» de uvas cosechadas en nuestra comunidad para obtener aguardiente, una «bebida espirituosa», según la definición del propio Consello Regulador, porque se lleva el «espíritu del vino» o por sus «connotaciones rituales y mágicas».

La destilería Tiempo y Paciencia de Becerreá produce aguardientes y licores con dos marcas: Gota a Gota, dentro de la denominación de origen Orujo de Galicia, y Chupito. Ana Isabel Fernández-Pacheco, la responsable de la firma, destaca el hecho de que no se demanden marcas como una muestra de la escasa valoración de la bebida, que atraviesa además una situación complicada en el mercado. «Por un lado está la competencia del aguardiente llamado casero, que no tiene las licencias que exige la ley; y, por otro, la del aguardiente de imitación, que se vende en garrafas y se trasvasa a botellas con distintas etiquetas. Los procesos de elaboración de ambos no cumplen los preceptivos controles sanitarios, con los riesgos que esto acarrea para su consumo», expone Fernández-Pacheco.

 

 

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